Google Translate ¿Un Nuevo Competidor?

Google Translate - RaquelParece una nueva moda. Si fuera una situación que sucede únicamente en España, diría que se trata de casos de “picaresca española”. Cada vez que un cliente me “cuela” un texto para revisar que ha sido traducido por Google Translate (u otro traductor automático) me imagino su cara de satisfacción pensando que me ha metido un gol y que se ha ahorrado un 50% de la tarifa con un simple click del ratón.

Hay varios perfiles y la situación de algunos es más grave que la de otros. Por un lado, están los clientes que envían un texto de carácter general, una carta, o cualquier tipo de documento que no va a tener mayor transcendencia y, por otra parte, están aquéllos que te envían un documento que se va a publicar, con su nombre, y que es el resultado de una investigación, sobre un tema de interés general. Esos casos son los casos más graves.

Explicar al cliente los errores gramaticales, las inversiones no realizadas, la no equivalencia palabra por palabra entre dos idiomas o el hecho de que se trata de traducciones basadas en la estadística…NO SIRVE DE NADA, intentarán colarte el texto y que se aplique la tarifa de revisión. Si se aplicara la lógica, sería fácil entender la razón para no utilizar traductores automáticos: yo, PM de la empresa, filóloga y con un Máster en Traducción, podría, cuando un cliente me envía un texto en español para traducir, introducirlo en Google Translate y arreglarlo de manera que fuera medianamente aceptable para una revisión realizada por un nativo, aplicando al cliente la tarifa de traducción, pagando al traductor la tarifa de revisión y obteniendo un beneficio considerable para la empresa, pero no lo hago porque entendemos que el resultado no es aceptable. Con la revisión de un texto traducido en esas condiciones podemos garantizar que, con mucho trabajo, entregaremos un texto gramaticalmente correcto pero también tenemos el 100% de seguridad que el texto en el idioma meta NO DIRÁ lo mismo que el texto origen.

Google no traduce palabra por palabra, no sigue reglas gramaticales ni sintácticas, porque las excepciones a la regla en cada uno de los idiomas harían inviable la herramienta. Google Translate sigue la traducción automática estadística que consiste en extraer patrones estadísticos a través de las probabilidades obtenidas tras analizar textos ya traducidos por traductores humanos profesionales. Dado que el traductor Google utiliza un método estadístico para traducir en lugar de unas reglas de gramática, el texto traducido, en ocasiones, puede parecer sin sentido y contener errores obvios, a menudo intercambiando términos comunes por términos comunes similares pero no equivalentes en el otro idioma. ¿La mejor forma de comprobarlo? Introducir una frase simple, traducirla e ir añadiendo palabras al original.

Me encantan estos ejemplos:

ORIGINAL: Los tomates que vendía María eran muy rojos

TRADUCCIÓN: Tomatoes selling Mary were very red

Si eliminamos “MUY” (“VERY”):

ORIGINAL: Los tomates que vendía María eran rojos

TRADUCCIÓN: María selling tomatoes were red

En principio, la lógica y un ejemplo como el anterior deberían ser razones suficientes…pero no lo son. Siguen enviando este tipo de textos. Con suerte, y si dispones del texto original y lo descubres, puedes rechazar el proyecto. En otras ocasiones, durante la revisión final, ves las dudas que el traductor ha marcado y te das cuenta que el texto estaba traducido por una máquina: verbos no conjugados, ausencia de sujetos, sujetos que no tienen sentido (en español NO es obligatorio utilizar sujetos…si GT encuentra un verbo sin sujeto “coloca” ese verbo al nombre propio o pronombre más cercano), etc. En esos casos, sólo podemos decirle al cliente, al hacer la entrega, que ese texto NO ES APTO para publicar, que es correcto gramaticalmente, que gran parte del contenido no coincide con el original y que deberíamos traducir desde cero. Algunos aceptan y realizamos la traducción, pero otros prefieren jugársela con el texto que les entregamos y sobre el que finalmente debemos declinar toda responsabilidad.

Es un problema, y muy grave, porque no parece que exista una forma eficaz de frenarlo. Comprobar el texto antes de comenzar no siempre es suficiente y no podemos saber qué herramienta se ha utilizado. Todo esto puede llevar a no conformidades cuando se rechaza la publicación del texto, exigencias de que la agencia asuma unas responsabilidades que no le corresponden y, por supuesto, las horas que los traductores dedican a realizar un  trabajo que termina siendo inútil.

En una primera versión de este artículo, hablaba de intentos fallidos de adaptarse a este nuevo mercado y expresaba mi alivio al saber que no habían salido adelante. Estaba equivocada. He investigado más sobre el asunto y, efectivamente, se han acuñado términos como “pre-edición”, “post-edición”, etc. Un “pre-editor” prepara un texto para facilitar su traducción mediante un traductor automático y, posteriormente, un “post-editor” arregla el texto según el principio de que los textos post editados podrán ser revisados para asegurar la calidad de las opciones de idioma y corregir los errores más simples. Si estas prácticas ya están en funcionamiento, ¿qué futuro tenemos los que no las aceptamos? ¿Dejaremos de ser competitivos? ¿Cuánto tiempo tenemos antes de vernos obligados a asumirlas? 

Por ahora, podemos resistirnos pero parece claro que tarde o temprano deberemos ceder y adaptarnos o dejar de ser competitivos en el mercado. Quizás la solución sea ofrecer entre nuestros servicios revisiones de este tipo con una tarifa superior a las revisiones normales con un resultado de menor calidad. Es una lástima porque, en cierto modo, estaremos sacrificando parte de nuestros principios como profesionales al entregar trabajos que sabemos positivamente que no llegan a los estándares de calidad necesarios.

Raquel Bayarte Ruiz

Estudió Filología Inglesa en la Universidad de Zaragoza y posteriormente realizó un Máster de Traducción de Textos Especializados en la misma Universidad. Desde 2008 trabaja de PM en una agencia de traducción de la ciudad.

Esta entrada apareció por primera vez el 04/02/2015 en mi blog anterior.

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